Ataque ruso golpea energía e industria militar en Ucrania: 19 muertos
El bombardeo coordinado con 70 misiles y 130 drones paralizó centrales eléctricas y expuso la escasez crítica de sistemas Patriot para interceptar proyectiles balísticos.
Un despliegue masivo de fuego ruso golpeó de madrugada seis regiones de Ucrania, dejando un saldo de al menos 19 muertos, entre ellos cuatro niños en Priluki. Más allá de los daños en plantas de ensamblaje bélico y viviendas, la ofensiva confirmó la principal debilidad técnica de Kiev: su incapacidad operativa para detener los proyectiles balísticos que hoy desmantelan la red eléctrica nacional.
Las alarmas antiaéreas sonaron de forma sincronizada en Kiev, Cherníguiv, Poltava, Kirovograd, Dnipropetrovsk y Odessa. La ofensiva de Moscú combinó 130 drones y 70 misiles diseñados para saturar los radares de la retaguardia. Aunque la Fuerza Aérea ucraniana neutralizó 117 drones y 39 misiles de crucero, apenas pudo frenar cinco de los artefactos balísticos lanzados, dejando 18 impactos directos en instalaciones estratégicas.
El impacto más sangriento ocurrió en Priluki, dentro de la región norteña de Cherníguiv. Un misil pulverizó un bloque residencial mientras sus habitantes dormían, cobrando la vida de 13 personas —cuatro de ellas menores de edad— y provocando medio centenar de heridos. Las fuerzas rusas justificaron el ataque argumentando que en la zona operaba una planta vinculada a la fabricación de los misiles ucranianos Flamingo. La misma narrativa de persecución a la industria bélica se extendió a la empresa Makarov en Dnipró, talleres de drones navales en el puerto de Izmail y factorías de municiones en Kremenchuk, donde fallecieron dos civiles más.
En la capital, la ofensiva paralizó por segunda ocasión en una semana la principal central térmica regional, vital para suministrar electricidad a Kiev y a dos regiones colindantes. El presidente Volodimir Zelensky reconoció que el vector energético y los centros de producción militar siguen siendo los objetivos prioritarios de Rusia para quebrar la resistencia civil antes de la llegada de las bajas temperaturas.
Detrás del recuento de daños asoma un cambio táctico preocupante: las defensas ucranianas experimentaron un desplome en su tasa de interceptación balística, al grado de que las autoridades militares suspendieron este verano la difusión pública de los datos de derribo de estos proyectiles específicos. La escasez de baterías Patriot y de munición avanzada convierte cada alarma en una lotería contra el tiempo.
Comprender esta brecha defensiva es determinante para dimensionar el conflicto en la vida cotidiana global: mientras los apagones amenazan con paralizar las ciudades ucranianas y desatar nuevas olas de desplazamiento humano, las decisiones presupuestales de las potencias aliadas sobre el envío urgente de armamento antiaéreo definirán si la infraestructura de supervivencia básica logra sostenerse en pie durante los próximos meses.