Ciencia y Tecnología

¿Baterías hechas con vitaminas? Así funciona este prototipo orgánico

El prototipo de celda de flujo aprovecha la riboflavina para mover electrones de forma renovable, aunque su sensibilidad a la luz frena una llegada rápida al mercado.

Un equipo de investigadores en Estados Unidos desarrolló una celda de flujo que produce corriente eléctrica combinando azúcar común y riboflavina, más conocida como vitamina B2. El sistema reproduce a escala química el metabolismo con el que el cuerpo extrae energía de los alimentos, abriendo una ruta prometedora para fabricar dispositivos no tóxicos y libres de metales escasos como el litio.

En las células humanas, la vitamina B2 actúa como un transporte molecular que recoge y traslada electrones mientras la glucosa se descompone. Los científicos adaptaron este mismo mecanismo a una celda de flujo electroquímico. En lugar de celdas selladas tradicionales, montaron un circuito con dos electrodos de carbono donde circula un electrolito líquido cargado con glucosa en el polo negativo.

Durante las pruebas de laboratorio reportadas en la publicación especializada ACS Energy Letters, el prototipo mostró picos de potencia de 40 milivatios por centímetro cuadrado al trabajar con ferricianuro como agente oxidante, logrando sostener un voltio de salida continua a lo largo de 50 minutos. Al operar con oxígeno ambiental, la celda generó 13 milivatios por centímetro cuadrado. Estas mediciones se obtuvieron a temperatura ambiente y presión normal, empleando volúmenes mínimos de combustible de apenas 10 mililitros.

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La glucosa ofrece una densidad teórica cercana a los 4,430 vatios-hora por kilogramo, sumada a una ventaja decisiva: su costo es una fracción mínima respecto al litio o al cobalto, y su degradación no genera residuos tóxicos. Pese a estos números, el desarrollo todavía afronta barreras técnicas de peso antes de aspirar a una escala comercial.

El principal obstáculo radica en que la riboflavina es altamente fotosensible. Cuando el compuesto se expone a la luz, pierde estabilidad química con rapidez, motivo por el cual los experimentos se ejecutaron en penumbra controlada. Además, los investigadores aún no determinan la durabilidad a largo plazo tras cientos de ciclos continuos ni el costo final de ensamblar tanques a gran escala.

Por ahora no se trata de un reemplazo directo para las baterías de teléfonos o vehículos eléctricos. El nicho inicial de esta tecnología apunta a bancos de almacenamiento residencial en comunidades rurales sin infraestructura de red, así como a sensores médicos y parches de diagnóstico de un solo uso que requieren componentes biodegradables. Comprender estos avances permite evaluar con criterio técnico los anuncios energéticos cotidianos: la transición hacia sistemas sostenibles avanzará combinando recursos de consumo diario con infraestructuras diseñadas para operar donde los metales pesados resultan inviables o contaminantes.

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Adrían Tellez
Redactor · InfoBullet
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