Ciencia y Tecnología

Células humanas en roedores: la nueva vía para tratar el autismo y la demencia

Científicos de Stanford consiguen que minicerebros cultivados en laboratorio formen circuitos con la médula espinal de roedores, abriendo paso al estudio de la parálisis y la demencia frontotemporal.

Un equipo de la Universidad de Stanford dio un paso clave en la neurociencia experimental: trasplantó organoides corticales humanos en roedores modificados genéticamente, logrando que las células se integren, crezcan y restablezcan conexiones funcionales.

Acceder al interior de un cerebro vivo para comprender el origen de trastornos graves sigue siendo una de las mayores barreras de la medicina. Cultivar células en placas de laboratorio no resuelve el problema, pues carecen del entorno, los estímulos y las redes necesarias para madurar. Para saltar ese obstáculo, un grupo de la Universidad de Stanford, con apoyo de especialistas españoles, recurrió a una estrategia singular: injertar tejido cortical humano en ratones diseñados mediante bioingeniería sin el 98% de su propia corteza cerebral ni de su hipocampo.

Bajo este método, los investigadores eliminaron la competencia biológica natural entre especies, ya que las neuronas del roedor se forman en apenas 11 días frente a los más de 140 que tarda el desarrollo humano. Los organoides —derivados de células cutáneas reprogramadas de donantes sanos— se implantaron quirúrgicamente a los dos días del nacimiento del animal. Con el paso de los meses, las células humanas se multiplicaron, ocuparon los espacios libres y conectaron sus terminaciones con el resto del cerebro y la médula espinal del huésped, según confirmaron los mapeos de resonancia magnética.

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Los llamados ratones xenocorticales no adquirieron habilidades extraordinarias ni mayor inteligencia. Lo que consiguieron fue recuperar déficits de conducta y equilibrio que presentaban los ejemplares que carecían de corteza. El propósito central no es crear animales humanizados, sino disponer de un modelo biológico activo para evaluar patologías incurables. En una de las pruebas, los científicos sometieron a los roedores a periodos de privación de oxígeno, provocando daños selectivos en el tejido humano que imitan las secuelas motrices de la parálisis cerebral infantil.

El estudio arrojó otro hallazgo inesperado: la aparición espontánea de neuronas de von Economo, células gigantes con forma alargada ligadas a la toma de decisiones y al comportamiento social que hasta ahora solo se habían detectado en autopsias humanas o en grandes cetáceos. Estas estructuras resultan especialmente vulnerables en la demencia frontotemporal, el trastorno neurodegenerativo que retiró de la actuación a Bruce Willis, lo que abre una ventana inédita para observar su degradación en vivo y ensayar compuestos químicos capaces de frenarla.

Frente a dilemas éticos evidentes, el proyecto fue supervisado por comités independientes, descartando el uso de primates y limitando el volumen de tejido implantado.

Para las familias, cuidadores y personas que conviven con diagnósticos de epilepsia refractaria, autismo severo o patologías neurodegenerativas, este avance no representa una cura inmediata en farmacias, pero sí acorta los plazos de la ciencia: permite que los laboratorios prueben medicamentos directamente sobre neuronas humanas vivas dentro de un organismo funcional, reduciendo años de ensayos a ciegas y acelerando la llegada de terapias más seguras a la fase clínica.

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Adrían Tellez
Redactor · InfoBullet
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