Colombia se suma al cerco de Trump contra lanchas del narcotráfico
La campaña militar estadounidense en el Caribe y el Pacífico cumple un año. Con la integración de Colombia a la coalición de seguridad, la estrategia perfila una ofensiva regional sin precedentes.
La cacería militar contra las embarcaciones del narcotráfico en altamar ha entrado en una fase más agresiva. Tras un año de operativos estadounidenses que registran cientos de bajas, un cambio de gobierno en Colombia cierra el cerco continental, anticipando operaciones más contundentes para asfixiar las rutas de la droga.
El operativo del Ejército de Estados Unidos para interceptar y destruir embarcaciones del narcotráfico cumple un año. Esta estrategia, desplegada frente a las costas de Venezuela y en el Pacífico ecuatoriano y colombiano, registra hasta el momento al menos 227 fallecidos. El panorama geopolítico acaba de endurecerse tras la incorporación activa de Colombia a estas operaciones, un giro impulsado por su recién investido presidente, el ultraderechista Abelardo de la Espriella.
La campaña tomó forma en septiembre de 2025. Desde la Oficina Oval, el presidente estadounidense Donald Trump lanzó una advertencia frontal para quienes intentaran cruzar la frontera marítima con narcóticos, anunciando la "neutralización" de una nave cargada de droga. Meses después, en enero de 2026, la estrategia cobró una nueva dimensión con la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, acusado por Washington de encabezar el Cártel de los Soles. La caída de Maduro derivó en la alineación del nuevo gobierno chavista, liderado por Delcy Rodríguez, que otorgó concesiones petroleras a Estados Unidos para retener el poder.
El cambio más decisivo ocurre ahora en Colombia. Apenas asumió el cargo en agosto, De la Espriella anunció que el país se sumaba al Escudo de las Américas. Esta coalición, ideada por la administración de Trump, abre la puerta a intervenciones militares conjuntas contra los cárteles en catorce naciones aliadas de la región. Con el respaldo de otros líderes como el ecuatoriano Daniel Noboa y la peruana Keiko Fujimori, la alianza anticipa un segundo año de fuertes combates marítimos y explora posibles campañas terrestres coordinadas.
Atrás quedaron los reclamos desde Bogotá por bombardeos contra tripulantes sin juicios previos; la directriz actual es colaborar. Durante la reciente visita a Colombia del general Francis Donovan, jefe del Comando Sur estadounidense, se acordó tolerancia cero hacia grupos criminales. En reuniones con el ministro de Defensa colombiano, Jorge Mora, se definió un plan para instalar potentes sistemas de radar en Tumaco, una ciudad estratégica del Pacífico operada históricamente por el Clan del Golfo, el ELN y disidencias de las FARC.
Estos radares permitirán rastrear lanchas rápidas y semisumergibles desde su punto de partida, entregando inteligencia en tiempo real a las fuerzas militares. Aunque una persecución en altamar suene a una película distante, la presión sobre estas superautopistas marítimas del narco altera drásticamente los flujos de la droga. Cuando los grupos criminales se ven acorralados, buscan nuevas rutas y alianzas locales para sobrevivir, un reacomodo que impacta directamente en los niveles de violencia, extorsión y seguridad que vives todos los días en las calles de tu ciudad.