¿Cuáles son las tendencias electorales en Latinoamérica?
Trece de veinte países tienen gobiernos conservadores con un avance medio proyectado de 2.8 por ciento, aunque la ideología no explica el éxito financiero.
América Latina está viviendo un nuevo giro político. Después de la llamada "marea rosa" que llevó a numerosos gobiernos de izquierda al poder durante la década pasada, en 2026 la región presenta una mayoría de gobiernos de derecha y centroderecha.
Pero hay una pregunta mucho más interesante detrás del mapa político ¿Los países gobernados por la derecha están obteniendo mejores resultados económicos que los gobernados por la izquierda?
La respuesta corta es, en promedio, actualmente sí muestran un mejor crecimiento económico, pero los datos no permiten afirmar que la ideología política sea la causa de ese mejor desempeño.
¿Cuántos gobiernos son de izquierda y cuántos de derecha?
Si tomamos como referencia los 20 países latinoamericanos soberanos de habla española, portuguesa o con tradición latinoamericana, el mapa político de septiembre de 2026 puede dividirse de la siguiente manera:
13 gobiernos de derecha o centroderecha.
Argentina — Javier Milei
Bolivia — Rodrigo Paz
Chile — José Antonio Kast
Colombia — Abelardo de la Espriella
Costa Rica — Rodrigo Chaves
Ecuador — Daniel Noboa
El Salvador — Nayib Bukele
Honduras — Nasry Asfura
Panamá — José Raúl Mulino
Paraguay — Santiago Peña
Perú — Keiko Fujimori
República Dominicana — Luis Abinader
Guatemala — Bernardo Arévalo, ubicado en el centro reformista en algunas clasificaciones
6 gobiernos de izquierda o centroizquierda.
Brasil — Luiz Inácio Lula da Silva
Cuba — Miguel Díaz-Canel
México — Claudia Sheinbaum
Nicaragua — Daniel Ortega
Uruguay — Yamandú Orsi
Venezuela — Delcy Rodríguez
Esto significa que 13 de los 20 países, 65% están gobernados por fuerzas de derecha o centroderecha, mientras que 6, el 30% están en la izquierda o centroizquierda, dejando a Guatemala como un caso de centro/reformismo que puede variar según la clasificación utilizada.
El cambio es particularmente evidente si se compara con años anteriores. Colombia, Chile, Perú y Bolivia, entre otros, han girado hacia gobiernos de derecha o centroderecha, reforzando una tendencia regional que algunos analistas describen como una nueva "ola conservadora".
¿Quién está creciendo más?
Aquí aparecen los primeros datos interesantes, según las proyecciones del Banco Mundial de abril de 2026, para este año Argentina crecería 3.6%, Chile 2.4%, Colombia 2.2%, Costa Rica 3.6%, Ecuador 2.5%, El Salvador 3.2%, Guatemala 3.7%, Honduras 3.4%, Panamá 3.9%, Paraguay 4.4%, Perú 2.7% y República Dominicana 3.6%.
Bolivia, en cambio, constituye una excepción importante dentro de la derecha, el Banco Mundial proyecta una contracción de -3.2% en 2026.
Entre los gobiernos de izquierda con información comparable del Banco Mundial, Brasil tendría un crecimiento de 1.6%, México 1.3%, Nicaragua 3.4% y Uruguay 1.6%. Cuba y Venezuela presentan mayores dificultades para establecer una comparación homogénea con la misma metodología internacional.
Si calculamos un promedio simple de las proyecciones disponibles, los países de derecha y centroderecha considerados alcanzarían aproximadamente 2.8% de crecimiento en 2026, frente a alrededor de 2.0% entre los cuatro países de izquierda con datos comparables.
La diferencia es de aproximadamente 0.8 puntos porcentuales.
Pero cuidado, esto no significa que "la derecha funciona mejor que la izquierda". Sería una conclusión demasiado simplista.
El caso más llamativo es Argentina.
Argentina es probablemente el experimento económico más observado de la región.
El presidente Javier Milei llegó al poder con un programa radicalmente orientado hacia la reducción del gasto público, la desregulación y una mayor participación del mercado.
Después de una profunda contracción económica en 2023 y 2024, el Banco Mundial estima que Argentina habría crecido 4.4% en 2025 y proyecta 3.6% para 2026.
Pero el crecimiento del PIB no cuenta toda la historia. Argentina comenzó este proceso desde una situación extraordinariamente complicada, marcada por inflación, desequilibrios fiscales y pérdida del poder adquisitivo.
Por eso, para evaluar el "éxito" del modelo Milei habría que observar también inflación, salarios reales, pobreza, empleo, inversión y sostenibilidad fiscal.
Paraguay, Panamá y Costa Rica muestran otra realidad.
También hay países de derecha con un desempeño económico particularmente fuerte.
Paraguay aparece entre los más dinámicos: el Banco Mundial estima un crecimiento de 6.6% en 2025 y proyecta 4.4% para 2026.
Panamá, por su parte, tendría 4.4% en 2025 y 3.9% en 2026, mientras que Costa Rica alcanzaría 4.6% en 2025 y 3.6% en 2026.
Pero aquí aparece nuevamente una advertencia, esos resultados tampoco pueden atribuirse exclusivamente al gobierno de turno.
Panamá depende fuertemente de servicios, logística y comercio internacional; Paraguay tiene una estructura productiva diferente; y Costa Rica posee una economía altamente integrada a inversión extranjera y exportaciones de servicios.
¿Y la izquierda?
El desempeño de la izquierda tampoco es homogéneo, Brasil, gobernado por Lula, es un buen ejemplo, la economía brasileña creció 2.0% interanual en el segundo trimestre de 2026, aunque el crecimiento se está desacelerando. La inflación se encontraba alrededor de 4.24%, mientras que la tasa de interés permanecía en un elevado 14%.
México también presenta una situación interesante, después de un crecimiento débil durante 2025, cuando el Banco Mundial estima una expansión de apenas 0.6%, la economía mexicana tuvo un fuerte rebote en el segundo trimestre de 2026, creciendo 1.4% frente al trimestre anterior y 2.1% interanual.
Uruguay, gobernado por el Frente Amplio, tiene una proyección de crecimiento de 1.6% para 2026, mientras Nicaragua aparece con una previsión de 3.4%.
Es decir, la izquierda no representa necesariamente malos resultados económicos, de la misma manera que la derecha no garantiza buenos resultados.
¿Quién está ganando la batalla económica?
Si utilizamos únicamente el crecimiento económico proyectado para 2026, el grupo de gobiernos de derecha y centroderecha presenta actualmente una ventaja.
Pero si ampliamos la medición, la respuesta se vuelve mucho más compleja.
Un país puede crecer rápidamente y al mismo tiempo tener inflación elevada, pobreza o desigualdad, otro puede crecer menos, pero mantener mayor estabilidad, mejores servicios públicos o menor vulnerabilidad financiera.
Por eso, el verdadero examen debería incluir al menos seis indicadores: PIB, inflación, empleo, pobreza, inversión y deuda pública.
Aquí las diferencias ideológicas comienzan a perder fuerza como explicación única.
La economía latinoamericana demuestra algo que suele perderse en el debate político, los países que mejores resultados obtienen no necesariamente son los que tienen más o menos Estado, sino los que logran combinar estabilidad macroeconómica, inversión, productividad, instituciones funcionales y políticas capaces de sostener el crecimiento.
El dato político más importante.
Lo que sí parece indiscutible es que el péndulo político latinoamericano se ha desplazado hacia la derecha.
La región pasó de una importante presencia de gobiernos progresistas a una situación en la que aproximadamente dos terceras partes de sus gobiernos se identifican con la derecha o centroderecha.
La pregunta ahora no es solamente si la derecha puede ganar elecciones.
La verdadera prueba será si puede convertir ese capital político en crecimiento sostenible, empleos mejor pagados, reducción de la pobreza y estabilidad económica.
Y para la izquierda el desafío es prácticamente el inverso, demostrar que puede recuperar credibilidad económica después de perder terreno electoral en buena parte de la región.
En otras palabras, América Latina no solamente está cambiando de color político, está entrando en una nueva etapa en la que los electores parecen exigir resultados económicos concretos antes que lealtades ideológicas.
Firma Editorial: Redacción IB
Periodista y analista en InfoBullet México. Ver perfil editorial y más artículos →
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