El alto costo del automovilismo frena el talento: Lucas Di Grassi
Tras 14 años en la Fórmula E y una trayectoria que incluye la F1, el piloto brasileño advierte que el dinero pesa más que el talento y exige cambios estructurales.
A pocos días de disputar su última carrera profesional en el E-Prix de Londres, Lucas Di Grassi ha puesto sobre la mesa una cruda realidad sobre el deporte motor. El brasileño advierte que la falta de recursos económicos margina a los jóvenes con talento y exige medidas para priorizar los méritos deportivos por encima de los presupuestos millonarios.
El automovilismo mundial se encuentra en una encrucijada donde el talento natural compite de forma desigual contra las chequeras más abultadas. A sus puertas del retiro tras una trayectoria de 14 años en la Fórmula E y un paso previo por la Fórmula 1 en la temporada 2010 con Virgin Racing, Lucas Di Grassi alzó la voz para denunciar las barreras financieras que ahogan el desarrollo de nuevas promesas en las categorías formativas.
Para el piloto brasileño, quien fue una pieza fundamental en el desarrollo del prototipo GEN1 de la categoría eléctrica, la situación actual carece de equidad. “Necesitamos hacer que el automovilismo sea más barato, más accesible y más meritocrático. O bien más estandarizado, de modo que personas con el mismo número de horas de práctica puedan competir en los mismos campeonatos”, señaló de cara a su despedida definitiva de los monoplazas.
La problemática económica en las etapas tempranas no es un misterio, aunque rara vez se aborda con la crudeza necesaria. Casos emblemáticos como el de Sergio 'Checo' Pérez —quien en sus años de karting debía comprar neumáticos usados por falta de presupuesto— o el sacrificio de la familia de Esteban Ocon, que vendió su propia casa para financiar los inicios de su carrera, demuestran que el mérito deportivo suele ser insuficiente sin una sólida base financiera detrás.
“Resulta muy difícil competir contra alguien que, digamos, tiene el doble de presupuesto: si tienen el doble de presupuesto, tendrán el doble de días de entrenamiento que tú”, advierte Di Grassi, subrayando cómo el dinero termina por comprar lugares que deberían pertenecer exclusivamente al talento puro.
A este muro financiero se suma una limitante física ineludible: la escasez crítica de espacios competitivos a escala global. Según los cálculos del veterano piloto, el panorama profesional se reduce drásticamente al analizar las grandes categorías internacionales, dejando un margen extremadamente estrecho para quienes aspiran a vivir del deporte motor profesional.
“No es que haya 70 asientos solo en el Reino Unido. No, son 70 plazas para todo el mundo”, enfatizó Di Grassi al detallar que apenas existen entre 60 y 70 asientos en todo el planeta para pilotos profesionales de monoplazas, repartidos entre la Fórmula 1, la Fórmula E, la IndyCar y eventualmente la Super Fórmula en Japón.
Con su adiós definitivo programado para el 17 de agosto en el E-Prix de Londres al volante del equipo Lola Yamaha ABT, Di Grassi cierra un ciclo histórico justo antes de la llegada de la revolucionaria era GEN4. Aunque se aleja del asiento de competición, el brasileño planea mantenerse vinculado al ecosistema del motor desde una faceta directiva o empresarial, consolidando su legado tanto dentro como fuera de la pista.