El entramado delictivo en las aduanas marítimas que dirigía el Capitán Sol
Expedientes ministeriales revelan cómo Miguel Ángel Solano Ruiz usaba nombres políticos como salvoconducto tras mover más de 60 millones de pesos con una pensión militar de 18 mil pesos
Miguel Ángel Solano Ruiz, identificado en investigaciones federales bajo los alias de el "Capitán Sol", "Mike", "NK" o el "Capitán Fantasma", acumuló una trayectoria determinante dentro de la Secretaría de Marina (Semar), donde se desempeñó en áreas neurálgicas del Estado Mayor y el Cuartel General del Alto Mando.
Su adscripción a la Subsección de Narcotráfico de la Armada y sus comisiones de enlace operativo con la Subprocuraduría Especializada en Investigación en Delincuencia Organizada (SEIDO) le otorgaron un entendimiento exhaustivo de los protocolos de fiscalización portuaria, las inspecciones de recintos fiscales y los canales de supervisión no intrusiva de cargamentos internacionales.
Solano Ruiz solicitó su baja del servicio activo y causó formal retiro naval en febrero de 2018 ostentando el grado de capitán de corbeta.
A partir de su desvinculación formal de las fuerzas armadas, su perfil socioeconómico experimentó una mutación que encendió las alertas de los aparatos de fiscalización. Registrado formalmente ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) con ingresos provenientes de una pensión militar de retiro calculada en $18,785 pesos mensuales, los análisis de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) integrados a la causa penal 325/2025 documentaron erogaciones por más de 60.6 millones de pesos en diversos circuitos comerciales y financieros.
Entre 2015 y 2023, Solano Ruiz desembolsó de forma individual al menos 52.1 millones de pesos en efectivo en apuestas dentro del Hipódromo de las Américas y establecimientos de la cadena Big Bola, activando más de 400 reportes de operaciones inusuales emitidos por centros de juego y entidades bancarias hacia la Secretaría de Hacienda. En paralelo, las pesquisas detectaron transferencias por 5 millones de pesos canalizadas a través de estructuras sindicales y la adquisición patrimonial de ocho inmuebles de alto valor repartidos en la Ciudad de México, Veracruz y un complejo residencial en Tulum, Quintana Roo.
El expediente sobre la introducción ilícita de hidrocarburos a través de puertos mexicanos describe un esquema masivo de "huachicol fiscal", consistente en internar millones de litros de diésel y gasolina procedentes de los Estados Unidos encubiertos bajo fracciones arancelarias de aditivos, lubricantes o resinas, rubros exentos de las cuotas del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y otros tributos energéticos.
La vinculación de Andrés Manuel López Beltrán, conocido en la esfera pública como "Andy", con Solano Ruiz surgió a raíz de testimonios ministeriales rendidos por mandos navales adscritos a aduanas portuarias que se acogieron a figuras de protección o colaboración procesal dentro de la carpeta FED/FEMDO/FEIORPIFAMF-CDMX/0000568/2024.
La integración procesal no parte de transferencias bancarias directas ni de comunicaciones telefónicas intervenidas entre Solano Ruiz y López Beltrán, sino del recurrente uso del nombre del hijo del entonces jefe del Ejecutivo como un salvoconducto de mando para allanar obstáculos burocráticos y neutralizar revisiones ministeriales.
El primer testimonio relevante correspondió al capitán Alejandro Torres Joaquín, exdirector de la Aduana de Tampico y registrado como testigo protegido bajo la clave "Santo". Torres Joaquín narró que, tras el decomiso ejecutado a finales de marzo de 2025 contra el buque cisterna Challenge Procyon —que transportaba un cargamento irregular de hidrocarburos formalmente reportado en 10 millones de litros, pero cuya capacidad comercial efectiva ascendía a cerca de 20 millones—, se generó un estado de parálisis y alarma entre el personal cooptado de la aduana tamaulipeca. Al contactar telefónicamente a Solano Ruiz para pedir instrucciones y manifestar el temor de los marinos operativos, este último le indicó que no detuvieran las operaciones, asegurando que las presiones se originaban en fricciones políticas cupulares y que la protección a la red estaba acordada en los más altos niveles de decisión institucional.
El segundo testimonio fue aportado por Juan Carlos Soto Picha, quien fungía como subdirector de Operación Aduanera en Guaymas, Sonora. Soto Picha declaró formalmente ante el Ministerio Público que el 21 de marzo de 2025 surgieron serias dificultades técnicas y resistencias del personal naval para autorizar la descarga del buque petrolero Torm Agnes, embarcación procedente de la costa este estadounidense que transportaba diésel encubierto como aditivo con destino a la firma Intanza.
Al comunicar el riesgo de intervención de las autoridades federales a Solano Ruiz, este le ordenó consumar el atraque y las maniobras de trasvase hacia autotanques, indicándole textualmente que él mismo intervendría ante el titular de la Marina, el almirante José Rafael Ojeda Durán, argumentando que se trataba de "un tema de Andy" y advirtiéndole que dicha información era confidencial y de manejo exclusivo para su círculo inmediato.
La versión ministerial sobre cargamentos de combustible retenidos en los puertos a causa de una disputa entre Omar García Harfuch y Andrés Manuel López Beltrán se asienta sobre la coyuntura de reconfiguración del aparato de seguridad federal observada hacia el primer trimestre de 2025.
En ese periodo, la SSPC federal, encabezada por García Harfuch, comenzó a ejecutar interdicciones marítimas conjuntas y aseguramientos masivos de combustible en Tampico, Altamira y el Golfo de México, alterando la dinámica de tolerancia administrativa que los operadores de aduanas habían mantenido en años previos.
Según la declaración rendida por el testigo "Santo", el endurecimiento de la vigilancia y los bloqueos a los buques fueron interpretados internamente como el resultado directo de una colisión de intereses entre García Harfuch, quien buscaba el desmantelamiento de las redes de trasiego ilegal mediante inteligencia financiera y policial, y el bloque político vinculado a López Beltrán, a quien los mandos de campo atribuían injerencia informal sobre el andamiaje institucional de las aduanas marítimas. Frente a la parálisis que impedía atracar a los buques y amenazaba con exponer la estructura ante la FGR, Solano Ruiz asumió el rol de intermediario político-operativo. De acuerdo con las actas, el "Capitán Sol" afirmó a sus subordinados que el conflicto había sido encauzado mediante un arreglo de alto nivel entre ambas figuras políticas, lo que presuntamente permitiría destrabar los embarques y reanudar la salida de autotanques bajo una simulación de apego a la legalidad.
El secretario Omar García Harfuch rechazó de manera terminante haber sostenido conversaciones, pactos o acuerdos con familiares del expresidente o actores legislativos para pausar o regular las pesquisas contra el contrabando de combustibles. El titular de la SSPC calificó las versiones testimoniales como "totalmente absurdas", argumentando que los constantes aseguramientos de buques, cateos y la detención de mandos aduaneros corroboraban una política de cero tolerancias institucionales.
La FGR determinó que no existían elementos probatorios con peso jurídico para iniciar una indagatoria formal contra Andrés Manuel López Beltrán, subrayando que las menciones en autos constituyen testimonios de oídas (hearsay), en los que funcionarios aduaneros se limitaron a reproducir lo que Solano Ruiz les transmitía verbalmente para exigirles obediencia.
Por su parte, el abogado Epigmenio Mendieta, representante legal de Fernando y Manuel Roberto Farías Laguna —sobrinos políticos del exsecretario Rafael Ojeda Durán—, utilizó procesalmente la figura de Solano Ruiz para reconfigurar la teoría del caso. La defensa argumentó que el "Capitán Sol" no era un mero subordinado de los Farías, sino el creador y operador hegemónico de la organización delictiva, señalando que Solano recurría a la técnica del uso ilegítimo de nombres de figuras públicas prominentes para blindarse internamente, atribuirse un poder fáctico del que carecía y forzar la colaboración de los administradores portuarios.
El análisis integral de las actuaciones ministeriales, los informes de inteligencia financiera y las declaraciones testimoniales sustenta las siguientes consideraciones analíticas: En lo relativo al nexo con Andrés Manuel López Beltrán, las constancias ministeriales disponibles muestran que la relación se limita a la invocación de su nombre por parte de Solano Ruiz hacia sus subordinados.
Este proceder constituye un patrón característico de usurpación de influencia y simulación de respaldo político en entornos burocráticos, donde la mención de actores de alto nivel sirve para suprimir la resistencia de funcionarios aduaneros y forzar la ejecución de actos ilegales.
A nivel judicial, la fiscalía mantiene la inexistencia de datos probatorios directos que acrediten la participación punible de López Beltrán en la red.
La explicación relativa a que el combustible permanecía bloqueado por un enfrentamiento entre Omar García Harfuch y López Beltrán fue un recurso retórico utilizado por Solano Ruiz para contener el pánico operativo tras los aseguramientos masivos de combustible en el puerto de Tampico.