El gran proyecto pendiente de México.
Construir carreteras no basta. El país necesita una diversificación inteligente que aproveche las fortalezas de cada región para crear una sola red económica.
México tiene una ventaja extraordinaria, tiene prácticamente todo, tiene petróleo, gas, minería, agricultura, pesca, turismo, manufactura, tecnología, puertos, frontera con Estados Unidos, dos océanos, una enorme población y una posición geográfica privilegiada, lo que falta es conectar esas piezas.
El país necesita dejar de pensar solamente en “obra pública” y comenzar a pensar en “infraestructura productiva”, una carretera no debe construirse solamente porque comunica dos ciudades, debe construirse porque permite que una región produzca más barato. Un puerto no debe medirse solamente por cuántos barcos recibe, debe medirse por cuántas empresas, empleos y exportaciones genera alrededor. Una vía férrea no debe ser solamente una obra de transporte, debe convertirse en una arteria de producción. La seguridad no puede tratarse como un capítulo separado de la economía. Seguridad, infraestructura y desarrollo son tres partes del mismo problema.
La oportunidad mexicana
El gran desafío de México no es decidir qué estado es más importante, es conseguir que los 32 sean importantes para algo.
Ciudad de México puede seguir siendo el gran centro financiero y de servicios; Nuevo León y el norte pueden continuar siendo motores industriales; El Bajío puede profundizar su especialización manufacturera; Jalisco puede consolidarse como polo tecnológico; Veracruz y el Golfo pueden fortalecer la logística energética; El Pacífico puede convertirse en una gran plataforma comercial; El Istmo puede conectar ambos océanos; El sureste puede transformar turismo, energía, agricultura y recursos naturales en cadenas productivas; El sur puede dejar de ser visto solamente como una región que necesita recursos federales y convertirse en una región capaz de generar más riqueza. El objetivo no debería ser que todos los estados produzcan lo mismo.
El objetivo es llegar a una diversificación inteligente, que cada estado produzca aquello para lo que tiene mejores condiciones y que México tenga la infraestructura para llevar esa producción a donde tiene mayor valor.
Quizá ahí está una de las grandes tareas del México de la próxima década: no construir un país donde todos los estados compitan entre sí, sino uno donde los 32 estados formen una sola red económica, porque el verdadero potencial de México no está en que un estado sea rico y otro pobre, si no, en conseguir que la riqueza que hoy está concentrada en unas cuantas regiones pueda circular por todo el país.
El gran proyecto pendiente de México es unir a sus estados con sus diferentes variedades y multiculturalidad en uno solo, una sola ruta, un solo destino.