Ciencia y Tecnología

El James Webb revela el violento origen de la galaxia Centaurus A

A 11 millones de años luz, una nueva imagen infrarroja muestra los restos de un choque cósmico ocurrido hace 2 mil millones de años.

Por Adrían Tellez · 9 de julio de 2026
El James Webb revela el violento origen de la galaxia Centaurus A

El telescopio espacial James Webb acaba de regalarnos una de las vistas más detalladas del cosmos al asomarse al centro de Centaurus A. En su cuarto aniversario científico, la NASA publicó una imagen que funciona como una máquina del tiempo: nos muestra las cicatrices de un choque galáctico brutal y el apetito voraz de un agujero negro supermasivo.

A 11 millones de años luz de la Tierra existe un campo de batalla cósmico. Se trata de Centaurus A, una galaxia inusual que nació de una colosal colisión hace unos 2 mil millones de años. Ahora, gracias a la sensibilidad de la visión infrarroja del telescopio James Webb, podemos ver su núcleo con una claridad que hasta hace poco era imposible.

La imagen publicada este 6 de julio de 2026 expone el motor que da vida a esta galaxia: un agujero negro supermasivo. Este gigante traga material sin freno, liberando cantidades masivas de energía y disparando potentes chorros que moldean todo el espacio a su alrededor y detonan una intensa actividad de formación estelar.

Pero lo que más tiene intrigados a los astrónomos son los detalles inéditos de la fotografía. La toma revela una estructura de polvo en forma de paralelogramo y una extraña figura que dibuja una "S" en el espacio. Hasta el momento, los científicos no logran descifrar por completo el origen de estas formas ni cómo interactúan exactamente con el agujero negro.

Los investigadores ven este tipo de observaciones como pura "arqueología galáctica". Estudiar estos restos de polvo y gas les permite analizar el ciclo de vida cósmico, para entender cómo evolucionan los agujeros negros y las galaxias que los albergan.

Lograr una fotografía de este nivel exige condiciones extremas. El James Webb no gira alrededor de la Tierra como otros satélites, sino que opera desde el Punto de Lagrange L2, un lugar solitario a 1.5 millones de kilómetros de nuestro planeta. Esa distancia es clave para mantener sus instrumentos casi congelados, a menos de -223 º C. Solo bajo ese frío extremo el telescopio puede atrapar la débil luz infrarroja de galaxias lejanas sin que el calor del Sol o de la Tierra arruine la toma.