El trabajo doméstico frena el ingreso femenino y amplía la brecha al 24%
Un estudio del CEEY revela que el reparto desigual de tareas en el hogar obliga a jornadas remuneradas más cortas y empuja hacia la informalidad laboral.
Tener una carrera o un posgrado no basta para erradicar la disparidad económica: en México, los hombres perciben en promedio 24% más ingresos que las mujeres, una brecha impulsada por la carga desproporcionada de labores domésticas no pagadas.
La disparidad de ingresos en el mercado de trabajo formal e informal obedece a un factor que opera fuera de las oficinas y fábricas. Según un análisis del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), la diferencia promedio de remuneraciones entre hombres y mujeres se sitúa en 24%, un rezago que apenas se mueve con el paso de los años.
Las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reflejan que la cantidad de horas pagadas a la semana no registró avances entre 2025 y 2026. Las trabajadoras reportan un promedio de 37 horas laborales a la semana, mientras que ellos suman 44 horas. En los hechos, los varones cubren prácticamente una jornada de trabajo extra cada semana, lo que ensancha la diferencia económica al momento de cobrar la nómina.
Esta asimetría proviene de la división de los cuidados y labores del hogar. Al asumir la mayor parte de estas responsabilidades sin pago alguno, miles de mujeres se ven forzadas a buscar esquemas de mayor flexibilidad, lo que deriva en jornadas remuneradas reducidas o en el refugio de la informalidad laboral, donde las condiciones de protección social son casi nulas.
La brecha también se manifiesta en quiénes logran salir a buscar un sueldo. Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del CEEY, detalló que la tasa de participación femenina en el empleo es de apenas 45%, frente a un 76% en los varones. El informe advierte que ni siquiera la educación superior neutraliza la disparidad: entre quienes cursaron licenciatura, la brecha de ingresos es de 19%, y sube al 23% entre quienes cuentan con posgrado.
Entender esta realidad permite reconfigurar las finanzas y los acuerdos de pareja en la vida cotidiana. Más allá de negociar aumentos de sueldo individuales, equilibrar el reparto de las compras, el aseo de casa y el cuidado de los hijos libera tiempo productivo real. Redistribuir esas horas no remuneradas es el primer paso práctico para que el presupuesto familiar crezca y las decisiones profesionales dejen de estar condicionadas por la sobrecarga doméstica.