El último baile de Messi en el Monumental: lecciones de resiliencia
Con 39 años, 207 partidos y un doctorado Honoris Causa, el capitán argentino cierra 21 años de carrera internacional demostrando que la perseverancia supera cualquier derrota.
El estadio Monumental de Buenos Aires preparó una fiesta de agradecimiento multitudinaria para despedir a Lionel Messi de la selección argentina. Tras 21 años de trayectoria con la camiseta nacional, el astro rosarino disputa ante Benín su último compromiso internacional, culminando una historia deportiva donde la verdadera conquista no fueron únicamente los trofeos, sino la capacidad de levantarse tras cada caída hasta alcanzar la gloria.
Agotar 85.000 entradas en menos de dos horas no responde solo al deseo de presenciar un partido amistoso frente a Benín; refleja la necesidad colectiva de ovacionar a un deportista que enseñó a toda una sociedad a no rendirse. A sus 39 años, Lionel Messi pisa por última ocasión el césped de River Plate vestido de celeste y blanco, acompañado en la tribuna por su familia y por excompañeros de gestas históricas como Ángel Di María, mientras Nicolás Otamendi también prepara su adiós para ceder la estafeta a la nueva camada liderada por Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Horas antes del silbatazo inicial, la Universidad de Buenos Aires distinguió al capitán con el doctorado Honoris Causa en el predio de Ezeiza. El reconocimiento académico simbolizó el impacto cultural de un futbolista que debutó con una expulsión prematura en 2005 y que, tras perder cuatro finales consecutivas y anunciar un retiro momentáneo en 2016, eligió volver a intentarlo. Aquella decisión derivó en la época dorada que coronó dos Copas América, la Finalissima y el campeonato mundial en Catar 2022.
El cronista Ezequiel Fernández Moores sintetiza el núcleo del fenómeno: en una era dominada por lo desechable y el éxito exprés, mantenerse dos décadas en la cima del rendimiento deportivo constituye una anomalía inspiradora. Con 207 presentaciones y 125 anotaciones oficiales, la trayectoria del Diez demuestra que los tropiezos son paradas obligatorias del camino y no sentencias definitivas, una filosofía ratificada tras el reciente fallecimiento de su padre Jorge, su principal apoyo emocional y representante profesional.
Mirar el camino recorrido por Messi ofrece un aprendizaje aplicable a cualquier desafío personal o laboral: las metas significativas rara vez llegan en el primer intento y el talento aislado no prospera sin constancia. Integrar esta perspectiva ayuda a encarar los momentos de crisis cotidiana no como un final de ruta, sino como la preparación necesaria para insistir, aprender de los errores y construir logros duraderos con paciencia y disciplina.