Estados Unidos frena en Ecuador una red logística clave de los cárteles mexicanos
El Departamento del Tesoro reveló y sancionó una sofisticada red marítima operada por grupos criminales ecuatorianos, en alianza con organizaciones mexicanas, para trasladar droga a gran escala.
Las autoridades financieras de Estados Unidos lanzaron una nueva ofensiva para asfixiar el flujo de drogas por el Pacífico. Esta vez el golpe no ocurrió en la frontera norteamericana, sino a miles de kilómetros al sur, desarticulando una red de empresas y embarcaciones que servían como puente directo entre Ecuador y los cárteles en México.
El foco de atención de la lucha contra las drogas se ha movido hacia Sudamérica. A través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), el gobierno estadounidense bloqueó financieramente a los operadores y las compañías detrás de una ruta marítima altamente coordinada.
Las investigaciones revelaron que esta estructura logística era manejada por integrantes de Los Choneros y Los Lobos. Estos dos grupos criminales de origen ecuatoriano funcionan como engranajes fundamentales para abastecer de cocaína al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Lo que más llama la atención del reporte es el nivel de planeación para mover la mercancía. La operación no dependía de lanchas rápidas cruzando el océano a toda velocidad, sino de una flota con roles muy definidos. Todo empezaba frente a las costas de Ecuador, donde embarcaciones pesqueras de gran tamaño escondían las sustancias ilícitas directamente en sus bodegas.
Para evitar tocar puertos, evadir inspecciones y mantenerse en el mar el mayor tiempo posible, los delincuentes utilizaban naves de apoyo. Estos barcos paralelos se encargaban exclusivamente de llevar combustible, comida e incluso servicios médicos a las tripulaciones de los pesqueros cargados con droga. Una vez que la mercancía atravesaba el Pacífico y tocaba territorio mexicano, los cárteles locales tomaban el relevo para ingresarla de forma clandestina hacia el mercado estadounidense.
Entender cómo operan estas rutas nos ayuda a dimensionar que el crimen organizado dejó de ser un problema local para convertirse en una cadena de suministro global que afecta la seguridad y la economía de toda la región. Cuando las autoridades logran congelar el dinero y desmantelar las empresas fachada, disminuyen la capacidad adquisitiva de estos grupos para financiar la violencia armada. Al final, debilitar el músculo financiero de estas estructuras multinacionales es el primer paso real para frenar la inseguridad que, eventualmente, repercute en la tranquilidad de las calles por las que transitamos todos los días.