Estudiantes de EU devuelven a México más de mil piezas arqueológicas
Un profesor y 40 alumnos de preparatoria en Estados Unidos limpiaron y catalogaron voluntariamente cerámicas y restos prehispánicos para frenar el tráfico ilícito de nuestro patrimonio cultural.
Recuperar nuestra historia a veces viene de las manos menos esperadas. Esta semana, el Consulado de México en Boston recibió más de mil bienes culturales prehispánicos que pertenecen al sureste del país. Lo curioso no es solo la gran cantidad de piezas rescatadas, sino quiénes hicieron el trabajo pesado: un maestro de preparatoria y sus alumnos, quienes dedicaron dos años a limpiar y ordenar este pedazo de nuestro pasado para regresarlo a casa.
El lote de 1,132 piezas representa una de las recuperaciones de patrimonio más grandes que ha logrado la diplomacia mexicana en Nueva Inglaterra durante los últimos años. Todo esto fue posible gracias a una estrecha coordinación institucional entre la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Cultura y el INAH, pero el motor real del proyecto nació en un salón de clases.
El cerebro detrás de esta iniciativa ciudadana es Jeremy Pilver, un arqueólogo y profesor de la preparatoria Farmington High School. En lugar de dejar que estos objetos históricos se perdieran o terminaran arrumbados en una bodega extranjera, Pilver organizó a más de 40 estudiantes adolescentes. Durante dos largos años, los jóvenes limpiaron la superficie de los objetos, tomaron fotografías, crearon un catálogo digital y empacaron cada una de las piezas con el mismo rigor que usaría un científico profesional.
¿Qué hay exactamente en estas cajas que vuelven a nuestro país? Los especialistas del INAH identificaron 1,053 fragmentos de cerámica antigua, 36 dientes de tiburón, restos de figurillas, lascas de sílex y obsidiana, además de pulidores de piedra y un par de malacates completos. Aunque a simple vista algunos podrían parecer solo piedras o tepalcates, estos artefactos provenientes del sureste mexicano son un rompecabezas vital. Los apuntes que tomaron los estudiantes estadounidenses servirán ahora a los investigadores mexicanos para calcular la edad de las piezas y armar un catálogo comparativo.
Leer sobre piezas arqueológicas rescatadas en el extranjero puede parecer un tema exclusivo de museos que poco tiene que ver con tu rutina, pero en realidad habla de nuestra identidad más profunda. Cada vez que una de estas piezas cruza la frontera de regreso, se debilita el mercado negro que lucra saqueando a nuestras comunidades y se recupera una parte de la memoria colectiva que nos dice de dónde venimos. Entender que un grupo de adolescentes en otro país valora y respeta nuestro patrimonio lo suficiente como para trabajar años en su devolución, es un recordatorio directo para nosotros: conocer, cuidar y defender nuestra cultura local no es solo tarea del gobierno, es un orgullo y una responsabilidad ciudadana que empieza todos los días desde nuestra propia casa.