Estudio revela cómo los microplásticos dañan células y sangre
Un estudio conjunto de universidades de Estados Unidos explica cómo estas partículas generan radicales reactivos que afectan a los tejidos.
Un estudio conjunto de las universidades estadounidenses de Columbia y California, publicado en la revista Nature, ha descubierto que los micro y nanoplásticos desencadenan reacciones químicas espontáneas al entrar en contacto con el agua, generando radicales reactivos de alta energía capaces de provocar daños biológicos significativos en animales y humanos.
¿Cómo afectan los microplásticos al interior del cuerpo humano?
Se suele asumir que los plásticos son materiales químicamente inertes. Esta supuesta inercia es la razón principal por la que se utilizan de forma masiva en el envasado de alimentos, en el embotellado de agua o en la fabricación de juguetes infantiles, bajo la premisa de que son completamente seguros para el consumo y uso cotidiano. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que las reglas cambian drásticamente cuando los trozos grandes de plástico se fragmentan en micropartículas y nanopartículas.
Cómo funciona: el aumento de superficie y las moléculas reactivas
Cuando un fragmento de plástico se reduce a tamaños microscópicos o nanométricos, su superficie exterior aumenta de manera exponencial en relación con su volumen. Mucho más material queda entonces expuesto de forma directa a su entorno inmediato.
Para entenderlo de manera cotidiana, podemos pensar en un bloque de hielo grande que tarda mucho en derretirse porque su exposición al aire y al calor exterior es limitada; pero si ese mismo bloque se tritura en millones de virutas de hielo finas, la superficie total en contacto con el ambiente se multiplica y se disuelve o reacciona de inmediato con lo que le rodea.
De acuerdo con el estudio, al entrar en contacto con el agua —como ocurre en el agua embotellada o en los fluidos biológicos—, los microplásticos generan espontáneamente moléculas conocidas como especies reactivas de oxígeno o radicales reactivos de alta energía. Este mecanismo químico altera el agua circundante y puede provocar daños biológicos significativos en los tejidos.
Qué se comprobó en la investigación
La investigación publicada en la revista Nature fue desarrollada de forma conjunta por científicos de la Universidad de Columbia y la Universidad de California. Los autores comprobaron que este comportamiento químico activo no se detiene al ingresar al organismo.
Dado que la sangre humana está compuesta aproximadamente por un 50 por ciento de agua, y que las células humanas individuales contienen generalmente entre un 60 y un 80 por ciento de agua, los microplásticos que logran ingresar al torrente sanguíneo o al interior celular permanecen químicamente activos en ese entorno rico en agua.
Este hallazgo resulta especialmente alarmante para la salud pública porque ayuda a explicar el puente que faltaba entre la presencia de plástico en el organismo y el desarrollo de patologías graves. Los investigadores recordaron que sus propios trabajos previos en la Universidad de Columbia, publicados en 2024, ya habían demostrado que un litro de agua embotellada contiene un promedio de 240,000 fragmentos de plástico detectable —principalmente nanoplásticos—, una cifra entre 10 y 100 veces mayor a las estimaciones anteriores.
Lo que aún no se sabe
Aunque el estudio aporta el mecanismo químico que faltaba para conectar la contaminación plástica con el daño celular, diversas incógnitas continúan abiertas en la comunidad científica. Varios estudios posteriores han encontrado vínculos estadísticos y clínicos entre la exposición a micro y nanoplásticos y padecimientos graves como infartos, accidentes cerebrovasculares, demencia y tumores cerebrales; sin embargo, aún es necesario profundizar en cómo interactúan estos radicales reactivos de manera específica con diferentes tipos de tejidos a largo plazo y qué umbrales de concentración determinan el paso de una afectación leve a una enfermedad crónica.
¿Qué cambia para ti en la vida diaria?
Para el ciudadano común, este descubrimiento no se traduce en un producto milagroso ni en una cura inmediata, sino en una validación científica de la necesidad de reducir la exposición a plásticos de un solo uso y al consumo de agua en envases plásticos. Comprender que las partículas invisibles que ingerimos no son inertes, sino químicamente activas dentro de nuestras células, refuerza las iniciativas globales orientadas a replantear las normativas de salud pública y los estándares de seguridad en la industria alimentaria.