Exingeniero de OpenAI y Anthropic alerta por superinteligencia.
Jacob Coxon denunció que los laboratorios priorizan liderar el mercado antes que garantizar la seguridad frente a sistemas con capacidad de automejora.
Un especialista directo en la creación de los modelos informáticos más potentes del planeta decidió dar un paso al costado con una dura acusación. El británico Jacob Coxon, de 27 años, renunció a Anthropic tras haber pasado por OpenAI, señalando que la competencia acelerada entre ambas compañías por desarrollar superinteligencia artificial pone en riesgo directo a la sociedad antes del fin de esta década.
Coxon formaba parte de las áreas de preentrenamiento, el proceso técnico fundamental donde los algoritmos absorben enormes volúmenes de datos para desarrollar capacidades avanzadas. En un pronunciamiento público, el ingeniero afirmó que ninguna de las dos empresas está actuando con la responsabilidad debida frente a sistemas capaces de mejorarse a sí mismos de forma recursiva, y recriminó que Anthropic abandonó salvaguardas internas que contemplaban detener los desarrollos si los mecanismos de alineación y control fallaban.
Lejos de aislar la postura del extrabajador, mandos de alto nivel dentro de la misma firma validaron sus preocupaciones. Evan Hubinger, directivo del área de seguridad, calculó en más de un 10% la posibilidad de que ocurra un evento catastrófico dentro de los próximos diez años, ante la ausencia de una solución técnica definitiva para gobernar estos sistemas. A su vez, Samuel Marks, líder de supervisión escalable, reconoció que el temor a escenarios de daños graves o extinción se ha extendido entre los colaboradores de mayor rango técnico.
El debate por la falta de frenos ya traspasó los pasillos corporativos. Portavoces como Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, y Jakub Pachocki, científico en jefe de OpenAI, han manifestado en distintos foros la urgencia de establecer coordinación internacional, normativas estatales e incluso pausas operativas para dar tiempo a que los marcos legales asimilen el avance tecnológico.
Esta discusión sobre el código informático trasciende la teoría futurista y aterriza en tu entorno diario. Una superinteligencia desarrollada con prisa comercial y sin controles de seguridad determina qué empleos se transforman de golpe, la fiabilidad de las herramientas bancarias y de salud que utilizas a diario, y la capacidad de discernir si las decisiones críticas tomadas sobre tu dinero, información o entorno son operadas por criterios humanos o por sistemas automatizados fuera de supervisión.