¿Legislador galáctico o estratega digital?
La comunicación política actual se encuentra en una metamorfosis sin precedentes, impulsada por la digitalización de la esfera pública, la consolidación de la atención pública y la facilidad en el acceso a herramientas de inteligencia artificial generativa.
En este ecosistema mediático saturado, donde la ciudadanía experimenta un profundo desapego hacia las narrativas institucionales tradicionales, los actores políticos enfrentan el dilema de preservar la solemnidad republicana o adoptar estrategias disruptivas que garanticen visibilidad y retención de audiencia.
Comento esto porque, como sabrás o habrás visto recientemente, las redes sociales fueron testigo e “hicieron lo suyo” viralizando el video que un diputado del estado de Puebla subió a sus plataformas para dar a conocer su segundo informe legislativo. El hecho, además de viralizarse, trascendió en los medios de comunicación masiva como una sátira y una crítica; algunos hasta hicieron mofa de lo que el legislador en cuestión decidió tomar como su estrategia de comunicación.
Para Roberto Zataráin Leal y su equipo, esto fue una estrategia. Quizá, en un principio, no estaba planteada para viralizarse de tal forma, o quizá sí. Si ese hubiera sido el caso, solo bastaba con un detonador —un solo periodista de sátira a nivel nacional al que se le filtrara el tema del video— para que, a través del entretenimiento y lo irreverente del acontecer político, se generara el combustible que a diario piden los consumidores de redes sociales. Eso no se puede asegurar; solo el equipo del diputado lo sabrá.
¿Qué es lo importante que debemos rescatar de este hecho? Como dijo el célebre pintor surrealista español Salvador Dalí: "Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien. De los mediocres no habla nadie, y cuando lo hacen sólo dicen maravillas".
El video se viralizó, tuvo titulares en los noticieros nacionales digitales y en redes sociales alcanzó múltiples impactos. ¿Te imaginas cuánto dinero le habría costado estar en esos espacios si se pagara como promoción política? Pues a él no le costó más que hacer un video con IA y, quizá, el “filtrador” de la nota.
Ya sé, estimado lector, que seguro estarás pensando que la manera en que se dio a conocer no fue la idónea al tratarse de una sátira política, pero yo te pregunto: ¿qué político en la actualidad no está satirizado? De hecho, el perfil que se resista a este nuevo ecosistema digital quedará rezagado. No olvidemos que los próximos electores son esos consumidores actuales de redes; pero “eso es harina de otro costal” que quizá nos dé para comentarlo después.
Este hecho rompe todo paradigma de la investidura o el protocolo político, y es precisamente ahí donde debemos hacer el análisis de comunicación: ¿Es realmente este el camino, o es que el ecosistema digital ya nos llevó como avalancha hacia las nuevas tendencias? Lo principal es conocer los hábitos de consumo de los electores y saber comunicar en “su idioma”.
Sin embargo, los especialistas en marketing político advierten sobre una falacia recurrente: la viralidad es una métrica de volumen, no de eficacia persuasiva. En la comunicación institucional, el reconocimiento no se traduce automáticamente en confianza pública o capital electoral futuro. Un caso paralelo es el incidente de la alcaldía Cuauhtémoc, donde el uso no autorizado de tipografías del comediante Chespirito generó millones de interacciones, pero se catalogó como un error estratégico al carecer de un mensaje político de fondo, suscitando reclamos de propiedad intelectual y minando la autoridad de la institución.
En términos cuantitativos, la estrategia cumplió su objetivo primordial: extraer a un diputado de distrito del anonimato subnacional y forzar su inclusión en la agenda de discusión de los medios de comunicación más prominentes del país.
La estrategia, si es que así lo fue, no debe parar ahí. Me gustaría comentarte, amigo lector, en una analogía, el proceso que debería continuar tras este suceso digital para aprovecharlo al máximo. Esta viralización solo fue lanzar la caña de pescar; cuando ya se tiene al pez enganchado, debe venir la segunda acción: tirar del sedal para cerciorarse de que el pez mordió el anzuelo. Seguramente, el equipo del legislador ya tiene preparado el proceso completo de pesca; deben venir el paso dos y el paso tres para “capitalizar” la visibilidad gratuita que le regaló el ecosistema mediático.
Es aquí donde se encuentra el principal reto, la verdadera ciencia detrás de la comunicación política y estratégica. Esperemos que el war room del diputado tenga bien diseñada su bitácora para este día de pesca.
Pero esta, estimado lector, es solo mi perspectiva. La mejor opinión, como siempre, es la suya.
Firma Editorial: Marco Urbina
Periodista y analista en InfoBullet México. Ver perfil editorial y más artículos →
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