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Mano dura en Perú: Keiko toma el poder y militariza la seguridad del país

En su primer día como presidenta, anunció que las fuerzas armadas liderarán el combate a la criminalidad. Su victoria, lograda por un margen mínimo, abre una nueva etapa tras años de profunda inestabilidad política.

Por Elías Catalan · 29 de julio de 2026
Mano dura en Perú: Keiko toma el poder y militariza la seguridad del país

La historia parece repetirse en Perú. Apenas unas horas después de jurar como presidenta, la derechista Keiko Fujimori dejó clara la línea de su nuevo gobierno: los militares saldrán de los cuarteles para asumir el control de la seguridad en las zonas más violentas del país.

Keiko llega a la presidencia en un momento sumamente crítico. Se convierte en la novena persona en gobernar el país en la última década, cerrando un ciclo de inestabilidad brutal que incluyó varias crisis políticas sucesivas y mandatos interinos, como el de José Balcázar, quien ocupó el cargo hasta esta transición de julio. Su victoria en las urnas frente al izquierdista Roberto Sánchez se definió por menos de 50 mil votos, un margen estrecho que refleja a una sociedad profundamente polarizada.

Durante su discurso de toma de posesión este martes, Fujimori confirmó lo que muchos de sus simpatizantes esperaban y sus críticos temían: un regreso a las políticas de seguridad que marcaron la presidencia de su padre, Alberto Fujimori, en la década de los noventa. "Durante los estados de emergencia, las fuerzas armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control interno", sentenció la mandataria.

Más allá de esta estrategia de choque contra la criminalidad, el arranque de su gobierno manda otras señales contundentes. De los 19 ministerios que conforman su nuevo gabinete, apenas dos estarán liderados por mujeres. En el plano de la política exterior, Fujimori adelantó su intención de reconstruir las relaciones diplomáticas con México, buscando sanar un vínculo que sufrió fuertes fracturas durante las administraciones anteriores.

La decisión de sacar al ejército de los cuarteles cambia de golpe la dinámica de las calles. Esto se traduce directamente en un aumento de retenes de revisión, posibles toques de queda en zonas específicas y una vigilancia militar estricta en el transporte público y áreas comerciales, prepararse para tiempos de traslado más largos, llevar siempre contigo identificaciones oficiales y acostumbrarte a convivir con operativos de seguridad constantes, una realidad que transformará el ritmo de vida de millones de personas en su día a día.