No se trata de ganar la guerra de aranceles, sino de hacer indispensable a México
La amenaza de nuevos impuestos no solo frena inversiones millonarias, sino que pone en juego el futuro de la industria que sostiene miles de empleos en el país.
No se trata solamente de aranceles, México está viviendo una de las negociaciones comerciales más importantes de las últimas décadas, el problema es que, para entenderla muchas veces nos quedamos únicamente con una cifra: el porcentaje del arancel que Estados Unidos cobra a los productos mexicanos.
Detrás de los porcentajes de aranceles hay algo mucho más grande, está en juego el futuro de la industria mexicana, las inversiones que llegarán al país, miles de empleos y, sobre todo, la posición de México dentro de la economía de América del Norte. El T-MEC sigue vigente y, después de la decisión tomada en julio, permanecerá al menos hasta 2036, aunque ahora estará sujeto a revisiones anuales.
El T-MEC no está muerto. Pero tampoco está a salvo.
La administración de Donald Trump está utilizando la política comercial como una herramienta de presión, México tiene que entender que esto no es una negociación comercial tradicional, la política de Trump es bastante sencilla de entender si la traducimos a palabras comunes: “Si quieres venderle al mercado estadounidense, tienes que producir más dentro de Estados Unidos o dentro de Norteamérica, y Estados Unidos quiere quedarse con una mayor parte del negocio.”
La filosofía de “America First” busca reducir el déficit comercial estadounidense, atraer producción a Estados Unidos y proteger a sus industrias, el propio gobierno estadounidense sostiene que el T-MEC debe corregir lo que considera desequilibrios comerciales y aumentar la producción y el empleo estadounidenses, por eso los aranceles no son solamente una herramienta para recaudar dinero, son también una palanca de negociación.
Trump impone o amenaza con imponer aranceles y después utiliza esa presión para conseguir concesiones, el problema para México es que esta estrategia genera incertidumbre por ejemplo para una empresa que esté dispuesta a invertir 500 millones de dólares en México para fabricar automóviles, autopartes, maquinaria o componentes electrónicos, si esa empresa no sabe cuánto le costará entrar al mercado estadounidense dentro de seis meses, puede decidir esperar y cuando una empresa espera, México pierde algo que muchas veces no aparece en las estadísticas inmediatamente que es inversión.
¿Trump ha perjudicado las negociaciones con México?
Puede ser que sí, pero antes hay que hacer una distinción, Trump no ha destruido la relación comercial entre México y Estados Unidos. De hecho, ambos países siguen negociando y tienen enormes intereses económicos compartidos, lo que sí ha hecho su política es volver mucho más difícil y mucho más incierto negociar. Antes, el T-MEC funcionaba como una especie de regla del juego: “Si cumples con las condiciones del tratado, puedes comerciar bajo determinadas reglas.”
Ahora México tiene que negociar mientras Estados Unidos utiliza los aranceles como instrumento de presión, eso cambia completamente la dinámica, por ejemplo, actualmente existen aranceles estadounidenses que afectan sectores estratégicos mexicanos como automóviles, acero y aluminio.
En abril, el secretario de economía Marcelo Ebrard reconoció que era poco probable que algunos de estos aranceles regresaran a cero, esto es particularmente importante porque la industria automotriz es uno de los pilares de la integración económica entre México y Estados Unidos.
El automóvil es probablemente la batalla más importante.
Aquí está uno de los puntos más delicados de toda la negociación, Estados Unidos quiere que los automóviles fabricados en América del Norte tengan un porcentaje todavía mayor de componentes estadounidenses, la administración Trump está impulsando una propuesta que elevaría el contenido estadounidense de los vehículos a por lo menos 50%, además de aumentar el contenido regional requerido, México considera que esa exigencia sería demasiado alta.
Y por eso presento una contrapropuesta, según las informaciones publicadas, México está buscando que el arancel sobre el contenido automotriz no norteamericano se reduzca aproximadamente a entre 5% y 10%, en lugar del 25% que actualmente se aplica en determinados casos, la idea sería que las partes producidas en México, Estados Unidos y Canadá tengan un tratamiento mucho más favorable.
Esto tiene mucho sentido, porque una cosa, es decir, “Queremos que los automóviles tengan más componentes de Norteamérica”, y otra muy diferente, es decir: “Queremos que prácticamente todo el automóvil tenga componentes estadounidenses”, la primera propuesta fortalece a América del Norte y la segunda puede terminar encareciendo la producción.