Economía

Sacrificar alimentos para pagar renta: la realidad del 80% en México

El informe global de Hábitat para la Humanidad revela que la inseguridad habitacional detona privaciones básicas, vacía ahorros y fuerza a buscar segundos empleos.

Ocho de cada diez personas en México recortaron gastos en alimentación o postergaron consultas médicas durante el último año con el propósito de cubrir el costo de su vivienda. Los resultados del informe global presentado este lunes por Hábitat para la Humanidad sitúan al país por encima de la media internacional de precariedad habitacional, exponiendo cómo el gasto inmobiliario erosiona el bienestar básico mucho antes de llegar al desalojo.

La presión financiera asociada al techo propio o alquilado sobrepasa las capacidades presupuestarias de las familias en territorio mexicano. Con motivo del Día Mundial del Hábitat, la organización Hábitat para la Humanidad Internacional presentó su estudio 'Un hogar, pero ¿a qué costo?', levantado entre 30,758 personas de 22 países. Las cifras locales colocan la tasa de sacrificio en 80%, superando el promedio mundial del 75%.

Lacmi Rodríguez, directora ejecutiva de la sede nacional de la organización, advirtió que la vulnerabilidad se manifiesta en la vida diaria antes de que ocurra la pérdida formal del inmueble. Las familias no esperan a quedarse sin techo para ajustar sus números: primero prescinden de proteínas, reducen porciones alimenticias o ignoran tratamientos clínicos preventivos.

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La fragilidad económica doméstica queda al descubierto en los mecanismos de contención:

  • Fondo de emergencia comprometido: 36% recurrió a ahorros previos o reservas extraordinarias para saldar mensualidades.

  • Sobrecarga laboral: 34% debió integrarse a un segundo empleo o realizar jornadas complementarias de trabajo.

  • Temor ante contingencias: 56% teme perder su residencia ante un imprevisto financiero inmediato, frente al 48% registrado en el promedio global.

  • Expectativa a futuro: 81% mantiene la esperanza de ver mejoras en sus condiciones habitacionales durante los siguientes tres años.

A la carga monetaria se suman deficiencias estructurales en las edificaciones. Luis Armenta, director de operaciones de Hábitat México, detalló que prácticamente el 60% de los inmuebles (57.3%) se levantan mediante esquemas de autoproducción. Este modelo, desarrollado por las propias familias sin asesoría técnica ni financiamiento formal, suele tardar dos décadas en completarse.

Como resultado del rezago constructivo, 37% de los encuestados reporta fallas como humedad, filtraciones y moho, rebasando el 23% internacional. Además, 33% teme que eventos meteorológicos extremos compliquen la habitabilidad de sus casas en los próximos tres años, reflejando una desprotección térmica y estructural aguda frente al cambio climático.

Analizar estos números permite reconocer que el costo de la vivienda no debe calcularse únicamente contra el salario nominal, sino midiendo el impacto directo en la canasta básica y la salud. Planificar presupuestos con topes estrictos de renta, auditar deudas familiares y exigir políticas públicas de suelo regulado resultan pasos indispensables para evitar que el pago de un techo comprometa la alimentación y el bienestar de los hogares.

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Daniel Ortiz
Redactor · InfoBullet
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