Solo 1% de trabajadoras del hogar en México tiene contrato
El informe de la red Unidas revela que la evasión patronal supera los 56 mil millones de pesos anuales y que el esquema de aseguramiento por día restringe la atención médica básica.
Pese a los fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y las reformas laborales impulsadas desde 2018, la informalidad persiste casi intacta en los hogares mexicanos. De acuerdo con el diagnóstico de la red civil Unidas, apenas una de cada cien trabajadoras domésticas cuenta con un contrato por escrito, dejando a más de dos millones de mujeres desprotegidas ante accidentes, despidos o enfermedades.
El reconocimiento formal de derechos en los códigos oficiales continúa topándose con una barrera doméstica difícil de franquear. En México existen 2.3 millones de personas dedicadas al trabajo del hogar —donde nueve de cada diez son mujeres—, pero el 96.6% subsiste en la indefensión laboral. Aunque la afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) adquirió carácter obligatorio tras años de litigios, el padrón formal apenas ronda las 60 mil personas registradas, una cifra inferior al 3% del total del gremio.
La falta de inscripción patronal tiene implicaciones financieras directas. La organización Ethos calcula que la evasión de cuotas al Seguro Social genera una merma anual de 56 mil 671 millones de pesos. Especialistas del sector definen este boquete fiscal como una transferencia indirecta a favor de los empleadores, quienes eluden sus cargas legales mientras las trabajadoras absorben los costos de su propia salud y retiro.
A este rezago se añaden las limitaciones del modelo operativo vigente. El esquema de aseguramiento diseñado para jornadas intermitentes o por día otorga una cobertura segmentada: la trabajadora únicamente cuenta con servicio hospitalario en las fechas exactas para las que fue dada de alta. María de la Luz Padua, secretaria general del sindicato del sector, expone que los padecimientos de salud no distinguen calendarios ni horarios laborales, exigiendo rediseñar mecanismos pensados para rutinas atípicas y no para esquemas de oficina tradicional.
Las diferencias internas del oficio también reflejan sesgos de género. Los hombres que realizan tareas domésticas o de mantenimiento alcanzan una tasa de contratos por escrito del 9%, mientras las mujeres apenas registran el 1%. Esta disparidad se traduce en una brecha en las percepciones económicas del 34.8% en detrimento del personal femenino. Organizaciones civiles insisten en establecer esquemas de inspección a domicilios particulares, sanciones económicas tangibles contra la evasión de cuotas y subsidios que faciliten el registro legal oportuno.
Entender el alcance de esta problemática ayuda tanto a quienes emplean personal como a las propias trabajadoras a dimensionar sus responsabilidades cotidianas. Formalizar una relación laboral mediante un convenio por escrito y regularizar el alta médica en el seguro previene litigios patrimoniales severos para las familias empleadoras y transforma un favor informal en una relación de trabajo protegida, transparente y legal.