Tras 20 años de guerra, EE.UU. retira sus tropas de Irak
El repliegue concluye tras un pacto bilateral forzado por presiones políticas y ataques proiraníes, en medio de alertas por el auge de milicias chiitas y la amenaza latente de insurgencias locales.
Más de dos décadas después de la invasión de 2003 que derrocó a Saddam Hussein, Estados Unidos culmina este miércoles el repliegue definitivo de sus tropas en Irak, cerrando un despliegue de 20 años para dar paso a una compleja batalla diplomática, comercial y de seguridad dominada por la sombra de Irán.
La salida formal de los últimos destacamentos concluye el marco fijado en 2024 entre Washington y Bagdad para finalizar la Operación Resolución Inherente, la alianza militar que combatió al Estado Islámico. Atrás quedaron los picos de 2007, cuando más de 170.000 soldados norteamericanos operaban en territorio iraquí, reducidos para fines de 2023 a cerca de 2.400 efectivos centrados en asesoría e inteligencia militar, principalmente en el Kurdistán.
Aunque la versión institucional atribuye la partida al cumplimiento de las metas frente al Estado Islámico, analistas estratégicos subrayan un motivo más pragmático: la vulnerabilidad operativa. Los constantes hostigamientos contra instalaciones en el norte iraquí y el recrudecimiento de la tensión regional con Irán convirtieron el reducido contingente en un blanco fácil, aportando más debilidad táctica que capacidad de disuasión. A ello se suma la incesante presión interna en Bagdad por parte de facciones chiitas aliadas a Teherán que exigían la salida extranjera bajo el argumento de la soberanía nacional.
El balance de estas dos décadas dista de un consenso. Quienes defienden la intervención argumentan el término de una dictadura sanguinaria y la instalación de una democracia representativa plural con avances notorios en zonas como el Kurdistán. Analistas críticos replican que la operación destruyó el equilibrio geopolítico regional al dinamitar el contrapeso a Teherán, permitiendo la infiltración de redes afines a Irán en la estructura institucional del Estado iraquí.
El retiro de los uniformados no borra la huella de la Casa Blanca. Washington resguarda una palanca determinante a través del control de los ingresos petroleros tasados en dólares, la venta de equipamiento bélico y su gigantesca infraestructura diplomática, encabezada por la embajada más grande del mundo en Bagdad y el consulado de Erbil. La gran incógnita radica en el destino de las milicias de las Fuerzas de Movilización Popular: el gobierno central busca someterlas al mando estatal, pero los grupos radicales exigen aplazar cualquier control hasta 2027, encendiendo alarmas sobre posibles purgas sectarias, brotes de violencia civil o un resurgimiento extremista si se marginan a las poblaciones sunitas.
Comprender este repliegue permite descifrar el rumbo de los precios internacionales de los hidrocarburos y la estabilidad de las rutas comerciales globales, recordándonos que los movimientos en los cuarteles de Bagdad terminan impactando desde la inflación en los combustibles hasta el costo de vida de cualquier hogar.