Cómo un rediseño del CSIC hace a las baterías de zinc un 80% más potentes.
Científicos del ICMAB introducen piezas metálicas inalámbricas dentro del electrolito y eliminan el cuello de botella que frenaba el rendimiento de este sistema limpio y económico.
Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC) logró elevar hasta en un 80% la potencia de las baterías de zinc-aire mediante un cambio de arquitectura interna que desafía las reglas tradicionales de la electroquímica.
La investigación, publicada en la revista científica Energy Storage Materials, resuelve una de las mayores barreras técnicas del almacenamiento energético alternativo al litio sin tener que alterar las fórmulas químicas de la celda. El trabajo se realizó en colaboración con el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología y la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina.
El avance, liderado por la científica Nieves Casañ-Pastor y desarrollado a partir de la investigación doctoral de Marc Mosqueda, rompe una norma técnica asumida durante décadas: la prohibición estricta de colocar elementos conductores dentro del líquido electrolítico por riesgo inminente de provocar un cortocircuito.
Para eludir ese obstáculo, el equipo implementó una red de electrodos bipolares inalámbricos. Se trata de diminutas piezas metálicas sumergidas en el electrolito que funcionan sin conexiones por cable ni contacto directo con los polos externos de la batería.
Al activarse, el campo eléctrico polariza estos fragmentos de metal y genera caminos directos para el flujo de carga. Esa vía rápida compensa la lentitud con la que suele reaccionar el oxígeno, el principal talón de Aquiles que históricamente limitaba la entrega de fuerza en las celdas de zinc.
Los investigadores confirmaron que este mecanismo de reducción de resistencia interna funciona con éxito en otros dispositivos de almacenamiento, por lo que el diseño servirá de base para optimizar múltiples sistemas energéticos en desarrollo.
Para el usuario común, el zinc representa una alternativa mucho más abundante, barata y segura que el litio, libre además de riesgos de incendio espontáneo; este salto técnico allana el camino para que futuros aparatos domésticos, vehículos de movilidad urbana y redes de almacenamiento renovable funcionen con baterías económicas sin sacrificar capacidad de respuesta ni potencia de arranque en la rutina diaria.