Ciencia y Tecnología

La NASA desata una revolución científica al tirar chatarra en Marte

El análisis de cinco perforaciones artificiales creadas por piezas del Perseverance revela que el suelo marciano es tan débil como arena seca y pone bajo revisión las ecuaciones de colisión planetaria.

Lo que empezó como una maniobra técnica de descarte de peso durante el aterrizaje del rover Perseverance en 2021 se convirtió en el laboratorio de balística marciana más revelador de la última década. Las piezas de lastre de tungsteno y los restos de la etapa de crucero impactaron contra el suelo a velocidades controladas, abriendo cinco cráteres de los que los científicos ya conocían masa, ángulo y composición. Esos datos han bastado para poner en jaque las estimaciones clásicas sobre cómo reacciona el suelo del planeta rojo.

Durante la travesía interplanetaria, las naves espaciales suelen rotar sobre su propio eje en un movimiento continuo similar al de un asador de cocina. Esta técnica distribuye la radiación térmica entre la cara expuesta al Sol y el lado en sombra para evitar fallas estructurales. Sin embargo, minutos antes de tocar tierra marciana en 2021, el Perseverance necesitaba cambiar drásticamente su ángulo e inclinar su centro de masas. Para lograrlo, expulsó dos bloques de tungsteno de 77 kilogramos y la etapa de crucero ya inservible.

Al impactar contra la superficie marciana, estos desechos abrieron cinco cavidades identificadas con precisión gracias a las imágenes comparativas de la cámara del orbitador Mars Reconnaissance Orbiter. La gran diferencia entre estos orificios y los millones de cráteres de meteoroides que cubren el planeta radica en que los ingenieros terrestres conocían al milímetro el peso, la velocidad, el ángulo y el material exacto que golpeó el terreno.

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Con estos parámetros en mano, las simulaciones computacionales arrojaron una cifra desconcertante: la cohesión mecánica de la superficie en esa zona apenas ronda los 7 kilopascales. Esta cifra describe un terreno extremadamente arenoso y frágil, comparable a arena seca que se deshace al frotarla con los dedos. El resultado coincide con el fiasco vivido en 2019 por la sonda estática InSight, cuyo taladro quedó inmovilizado al no encontrar suficiente fricción para afianzarse en un subsuelo marciano que se desmoronaba a su alrededor.

Este hallazgo confirma que la consistencia blanda no es una anomalía de un solo punto geográfico, sino un rasgo extendido en distintas regiones del planeta. En consecuencia, las ecuaciones matemáticas que la comunidad científica usaba para inferir el tamaño y poder de meteoroides a partir del diámetro de sus cráteres quedan bajo seria sospecha de error. Aunque un bloque de tungsteno no se comporta exactamente igual que un asteroide rocoso, los modelos numéricos convencionales sobreestiman la resistencia del suelo marciano y demandan una recalibración urgente.

Comprender la debilidad y respuesta real del terreno marciano no es solo un debate teórico para astrofísicos; representa la diferencia entre el éxito y el colapso al diseñar las futuras misiones tripuladas, los refugios presurizados y las perforadoras de agua subterránea. Saber con exactitud qué tan firme es el piso que pisarán los astronautas garantiza que los miles de millones de dólares invertidos en exploración espacial se traduzcan en infraestructuras viables y no en misiones enterradas en el polvo.

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Adrían Tellez
Redactor · InfoBullet
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