Opinión

¿Qué debería integrar el Paquete Económico?

El presupuesto nacional necesita abandonar las inercias administrativas y enfocarse en resolver las crisis de agua, salud y seguridad que impactan directamente tu bolsillo.

Cada año, el Gobierno presenta el Paquete Económico como una radiografía de sus prioridades, pero hay una pregunta más importante que cuánto dinero se va a gastar que es ¿En qué debería gastarse para resolver los problemas que México no puede seguir postergando?

La respuesta debería partir de una idea sencilla, el presupuesto no tendría que diseñarse únicamente con criterios políticos o administrativos, sino con base en las necesidades más urgentes de la población y en aquellas inversiones capaces de generar crecimiento económico en el largo plazo.

1. Agua: convertir la crisis hídrica en prioridad nacional.

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México necesita un programa de inversión multianual para infraestructura hidráulica, reparación de redes, reducción de fugas, plantas de tratamiento, captación de agua de lluvia, modernización del riego agrícola y recuperación de acuíferos.

El agua debería tratarse como infraestructura estratégica, al mismo nivel que carreteras, energía o telecomunicaciones, no solamente porque afecta a los hogares, sino porque también determina la viabilidad de ciudades, industrias y actividades agrícolas.

2. Salud, pasar de atender enfermedades a fortalecer el sistema.

En 2024, 44.5 millones de personas —34.2% de la población— presentaban carencia por acceso a servicios de salud, según el INEGI. Aunque representó una reducción respecto de 2022, la cifra sigue siendo demasiado elevada.

El presupuesto debería priorizar médicos, enfermeras, medicamentos, mantenimiento de hospitales, atención primaria y prevención, también tendría que existir una partida específica para modernizar hospitales y centros de salud que hoy operan con infraestructura insuficiente.

Un sistema de salud sólido no solamente es una política social, también evita que las familias pierdan ingresos y reduce la presión económica sobre los hogares.

3. Seguridad y justicia, invertir en policías, investigación y prevención.

La seguridad debería recibir recursos no sólo para incrementar el número de elementos, sino para profesionalizar policías, mejorar sus salarios y prestaciones, fortalecer investigación criminal, inteligencia, fiscalías, ministerios públicos y policías municipales.

El problema sigue siendo relevante, en junio de 2026, 59.8% de los adultos que viven en las principales áreas urbanas consideró inseguro vivir en su ciudad, de acuerdo con la ENSU del INEGI.

Por eso, el presupuesto debería medir resultados, homicidios, extorsiones, robos, desapariciones, tiempos de respuesta, judicialización de delitos y sentencias. Más presupuesto sin indicadores de resultados no garantiza más seguridad.

4. Educación, invertir en capacidades, no solamente en cobertura.

México necesita recuperar aprendizajes y preparar a sus jóvenes para una economía mucho más tecnológica. En 2024, 24.2 millones de personas presentaban rezago educativo, equivalente a 18.6% de la población.

El presupuesto debería concentrarse en educación básica de calidad, formación docente, infraestructura escolar, conectividad, educación técnica, inglés, programación, inteligencia artificial y vinculación entre universidades y empresas.

La educación tendría que verse también como una política industrial, un país que no desarrolla talento difícilmente puede atraer inversiones de alto valor.

5. Infraestructura que genere productividad.

El siguiente presupuesto debería privilegiar proyectos que reduzcan costos para las empresas y mejoren la movilidad de las personas: carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, transporte público, logística, internet y generación y transmisión eléctrica.

Pero existe una condición, cada gran proyecto debería demostrar cuánto costará, cuánto tiempo tardará, qué beneficios económicos producirá y quién supervisará su ejecución.

México no necesita simplemente más obra pública; necesita mejor obra pública.

6. Apoyo a las pequeñas y medianas empresas.

Las micro, pequeñas y medianas empresas deberían convertirse en una prioridad presupuestal porque son fundamentales para generar empleo y actividad económica.

El Gobierno podría destinar recursos a capacitación, digitalización, financiamiento, innovación y acceso a mercados, pero también simplificar trámites y reducir los costos de formalización.

El objetivo no debería ser mantener empresas artificialmente, sino ayudarlas a crecer, contratar trabajadores, exportar y aumentar su productividad.

7. Vivienda y servicios básicos.

El presupuesto también debería atender el déficit de vivienda adecuada y de servicios. En 2024 todavía 14.1% de la población tenía carencia por acceso a servicios básicos en la vivienda, según el INEGI.

Esto implica invertir no sólo en construir viviendas, sino en agua potable, drenaje, electricidad, transporte, escuelas y servicios alrededor de ellas.

8. Ciencia, tecnología e innovación.

Si México quiere competir por inversiones de mayor valor, no puede depender indefinidamente de mano de obra relativamente barata. El presupuesto debería aumentar y, sobre todo, orientar mejor la inversión en investigación, universidades, tecnología, semiconductores, inteligencia artificial, biotecnología, energías limpias y desarrollo industrial.

La meta tendría que ser pasar de “hecho en México” a “diseñado y desarrollado en México”. 

9. Adaptación al cambio climático y prevención de desastres.

Sequías, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos pueden generar enormes pérdidas económicas, al final resulta más barato prevenir que reconstruir.

Por ello, el presupuesto debería financiar infraestructura de prevención, sistemas de alerta, protección de zonas urbanas, reforestación, manejo de cuencas y adaptación de ciudades.

10. Un presupuesto que pueda ser auditado por los ciudadanos.

Finalmente, quizá la reforma más importante no sea cuánto dinero se asigna, sino cómo se comprueba que realmente se utilizó para lo que fue aprobado.

Cada programa importante debería tener metas públicas, indicadores de resultados, avances trimestrales y consecuencias cuando no se cumplan los objetivos.

México no necesariamente necesita gastar más en todo, necesita gastar mejor, priorizar y evaluar.

El verdadero Paquete Económico debería responder a una pregunta muy concreta ¿Qué problemas de los mexicanos serán menores dentro de un año gracias al dinero que hoy estamos presupuestando?

Si la respuesta no puede medirse, probablemente ese gasto tampoco debería ser una prioridad.

Porque un presupuesto nacional no debería ser simplemente una lista de cuánto dinero recibirá cada dependencia, debería ser el mapa de hacia dónde quiere llevar el país el Gobierno y, sobre todo, una obligación de demostrar que cada peso gastado produjo resultados.

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Redacción IB
Dirección General · InfoBullet
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