Suiza rompe con Gianni Infantino y frena su reelección en FIFA
La federación helvética denunció opacidad tras revelarse planes de privatización del Mundial y la polémica anulación del castigo al delantero estadounidense Balogun.
Gianni Infantino se quedó sin el respaldo formal de la Asociación Suiza de Fútbol para buscar su cuarto mandato al frente de la FIFA en los comicios del próximo año. El organismo de su país natal resolvió retirar el aval otorgado en junio ante los crecientes cuestionamientos sobre la integridad en la toma de decisiones del ente rector del balompié internacional.
La directiva helvética comunicó que los principios básicos de transparencia, rendición de cuentas, credibilidad y funcionamiento de órganos estatutarios dejaron de cumplirse. Esta postura se alinea con la ofensiva emprendida por la UEFA, confederación que ha solicitado abiertamente la remoción de Infantino —quien trabajó en sus filas durante años— antes de las elecciones programadas para marzo.
El detonante del distanciamiento responde a dos episodios específicos. Por un lado, la revelación mediática el 28 de julio sobre negociaciones no transparentes para constituir una empresa filial y comercializar participaciones de la Copa del Mundo a inversionistas privados. Por el otro, la intervención directa del mandatario estadounidense Donald Trump para evitar la sanción reglamentaria de un partido al atacante de Estados Unidos, Folarin Balogun, permitiéndole disputar los octavos de final frente a Bélgica durante el certamen coorganizado por la nación norteamericana.
La federación suiza advirtió que estos manejos vulneran la imparcialidad competitiva indispensable para la gobernanza del deporte. Infantino proyectaba una reelección sin contendientes para mantenerse en el cargo hasta 2031; el rompimiento en su propia casa territorial resquebraja esa hegemonía y abre la puerta a candidaturas alternativas promovidas desde el bloque europeo.
Para los aficionados que pagan entradas, siguen los torneos por televisión o compran las camisetas oficiales de sus selecciones, este cisma institucional expone el riesgo de que las reglas del juego queden supeditadas a intereses corporativos o conveniencias diplomáticas, amenazando la equidad y la pasión que hacen del fútbol un deporte auténticamente popular en las canchas de todo el planeta.