Nueva Ley de Economía Circular: retos y multas en empaques
Fabricantes e importadores encaran el registro obligatorio de planes de manejo ante Semarnat bajo la advertencia de que las sanciones superarán con creces la inversión en tecnología.
La entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular obliga a las empresas en México a transformar sus cadenas de suministro desde el diseño inicial, poniendo en jaque a empaques cotidianos cuyas etiquetas, pegamentos y tintas sabotean el reciclaje efectivo.
Publicada en el Diario Oficial de la Federación, la legislación incorpora la figura de la Responsabilidad Extendida del Productor. Aunque la industria continúa a la espera del reglamento definitivo, las compañías deben registrar sus planes de gestión ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para evitar sanciones inmediatas. De acuerdo con Martha Ricardi Velázquez, directora de Estrategia para América Latina de la Association of Plastic Recyclers (APR), asumir multas o enfrentar el retiro del mercado resultará infinitamente más oneroso que presupuestar soluciones de ecodiseño desde ahora.
El cuello de botella nacional trasciende la logística de recolección. Aunque México mantiene una tasa de acopio de PET del 64%, la maquinaria de los centros de valorización sufre averías y pérdidas de calidad por componentes auxiliares incompatibles con el lavado industrial en caliente.
Las etiquetas concentran cerca del 80% de los conflictos técnicos dentro de las plantas de reciclaje. Coberturas totales que confunden a los lectores ópticos, pegamentos que no ceden al calor, fibras de celulosa que forman pulpa espesa y colorantes que manchan las hojuelas de resina reducen drásticamente el valor del material recuperado. A este escenario operativo se añaden la saturación de plástico virgen, resinas importadas de dudosa composición y vacíos de trazabilidad.
La hoja de ruta del sector para 2030 contempla metas estrictas: superar el 80% de acopio en PET, alcanzar 45% en otros polímeros plásticos, asegurar que el 100% de los envases sean reusables o reciclables y garantizar un mínimo de 30% de resina reciclada posconsumo en anaqueles.
Para quien consume diariamente productos embotellados o empaquetados, esta transición legal se reflejará en presentaciones visualmente más limpias, desprendimiento sencillo de precintos y botellas translúcidas. Ajustar la manufactura a estos estándares asegura que el esfuerzo de separar la basura en casa no termine arruinado dentro de las plantas de tratamiento por culpa de un pegamento deficiente.